El Aloe es una planta fanerógama de la familia de las liliáceas y de la subfamilia de las aloínas (que produce aloína), con cerca de 280 categorías y 3700 especies, junto con el ajo, cebolla, espárrago etc. Existen 300 diferentes especies pero solo unas pocas están reconocidas por la industria farmacéutica: la Aloe Vera, la Aloe Perry Baker (Aloe soccotrina) y la Africana Miller (Aloe ferox miller). La palabra "Aloe" es la versión latina de la palabra araba alloeh, siria alwai o judía halal que significa "sustancia amarga brillante" y se refiere a la presencia de la savia que se encuentra en la pulpa, debajo la dura piel de sus hoja. Las virtudes de esta planta han sido grabada por muchas grandes civilizaciones desde la de Persia y Egipto en Oriente Medio hasta la Griega e Italiana en Europa, la India, Africana... La planta es conocida en Asia y en el Pacifico y se encuentra en el folklore de Japoneses, Filipinos y Hawaianos. El primer escrito sobre el valor medicinal de la Aloe se ha encontrado en los "Papiros Ebers" un documento que se remonta al 1500 a.C. En él se describen 12 formulas para mezclar la savia con otro ingredientes para la curación de diferentes trastornos. Los antiguos egipcios consideraban la Aloe como la planta de la inmortalidad y la incluían a los regalos funerarios del faraón como símbolo de vida eterna. También se utilizaba en la embalsamación. La reina Nefertiti solía tomar baños de leche de cabras mezclada con pulpa de Aloe. Para los griegos la planta simbolizaba la belleza, la paciencia, la buena suerte y la salud.